La balada del Narayama – Shoei Imamura, 1983

Jueves 25, Octubre 2007

Archivado en: Cultura, Filosofía — admin @ 10:05 am

Esta película, dirigida por el gran maestro Shoei Imamura (1926-2006) relata la dureza de la vida de una comunidad rural japonesa del siglo XIX (probablemente, ya que no hay demasidas referencias temporales a elementos históricos que nos permitan situar la escena). Desde mi punto de vista es una de las grandes obras del cine universal a pesar de que en numerosas críticas obtenga reseñas negativas, debido a la crudeza con que Imamura muestra el desarrollo de los acontecimientos, enfocando la narración desde un punto de vista sin concesiones al sentimentalismo, casi en tono de documental, creando una obra de enorme valor didáctico en antropología y filosofía. Sin embargo esta película no solo tiene valor en el sentido antes expuesto; desde el punto de vista del cinéfilo presenta una fotografía espectacular que crea un atmósfera bucólica y costumbrista que contrasta con el cruel desarrollo de los acontecimientos. Esta película ganó la Palma de Oro en el festival de Cannes en 1983.

El argumento gira en torno a Orín (Sumiko Sakamoto), que a sus 69 años, aún posee una salud de hierro y una fuerza de trabajo envidiable. Sin embargo, la costumbre local establece que los ancianos deberán ser llevados a la cima del monte Narayama al perder su dentadura y abandonados allí a su suerte. Esta cruel práctica es interiorizada asumida por lo ancianos y la sociedad en general, hasta tal punto que resulta un grave deshonor no cumplir con esta tradición, sometiendo al transgresor al rechazo social e incluso al ostracismo.

El geronticidio y el infanticidio es una práctica habítual en las sociedades de cazadores-recolectores o agrícolas de subsistencia. Desde el punto de vista antropológico, se trata de un mecanismo de regulación de la población antes condiciones adversas o economías de subsitencia, en sociedades donde los recursos son muy limitados o cuya disponibilidad está expuesta a fluctuaciones más o menos bruscas. Generalmente las explicaciones emic y etic para este tipo de procesos suelen ser casi opuestas. Así, por ejemplo, desde la perspectiva emic, en la balada del Narayama, la aceptación de esta ley por parte de la sociedad y de la propia afectada, Orín, permite que esta dolorosa y cruel regulación se lleve a cabo sin conflictos. La sociedad rodea al hecho de un ambiente de leyenda y religiosidad, introduciendo al Dios de la montaña como receptor de las almas de los ancianos y promete un conjunto de prevendas relacionadas con el bienestar y el honor eterno. Como dice Marvin Harris en su Introducción a la Antropología General. Alianza editorial, 1981 (Muy recomendable): La perspectiva emic ofrece una visión del mundo que los participantes aceptan como real, significativa o apropiada. Desde el punto de vista etic el antropólogo intenta descubrir teorías científicas que expliquen este comportamiento.

Desde el punto de vista etic, en una economía de subsistencia como la que describe la película, esta leyenda del Narayama tiene como objeto reducir la población, purgar aquellos indivíduos que ya no son aptos para el trabajo y que suponen un consumo de recursos vitales para la supervivencia del resto del grupo familiar. Nótese que el elemento a tener en cuenta para que un anciano emprenda su camino al Narayama es la pérdida de sus dientes, punto a partir del cual un anciano necesitará alimentarse de alimentos triturados y por tanto, no solo no será apto para el trabajo, sino que además supondrá una carga extra de trabajo al resto de la familia. Este punto es expuesto de una manera brutal en la película, cuando Orin, rompe sus dientes contra una piedra con el afán de acelerar el proceso, ya que su hijo Tatshuei (Ken Ogata), se revela contra la tradición. Ella ve como los recursos familiares se tornan escasos al incorporase al nucleo familiar la esposa de Tatshuei y desea fervientemente desaparecer para que su lugar sea ocupado por un futuro hijo de la pareja. Parece ser que la actriz que encarga a Orin, Sumiko Sakamoto, en su afan por dotar del máximo realismo a su trabajo, rompió en verdad sus dientes contra la piedra, admirable la profesionalidad y compromiso de la actriz nipona (aunque la acción resulte bastante incomprensible para muchos).

Es importante dejar a un lado nuestro etnocentrismo cultural a la hora de valorar la película. Imamura relata una historia sin demasiadas concesiones al sentimentalismo, expone un conjunto de mecanismos antropológicos que tienen lugar el multitud de sociedades humanas, incluída la nuestra. Imamura no tiene la culpa de esto, sólo es el mensajero.

A veces tendemos a calificar estas acciones de prehistóricas o atrasadas, cuando entramos a juzgarlas desde un punto de vista moral que creemos por encima de todo lo demás y que es fácil mantener desde aquí, nadando en la abundancia de recursos. Sin embargo en ocasiones no nos damos cuenta en que nuestra sociedad provoca los mismos efectos, no de manera generalizada, ya que la riqueza de nuestras sociedades nos permite ser más “civilizados” y tener cosas como seguridad social, pensiones, etc., sin embargo en microeconomías locales, familiares, culturales o étnicas esta situación se produce de manera indirecta. Si analizamos las causas y situaciones familiares de cada uno de ellos nos encontraremos con escenas similares a las de la película, con familias con pocos recursos, viviendo en condiciones paupérrimas y con situaciones en las que los dos miembros de la famila tienen que trabajar para alimentar a varios hijos y donde no hay sitio para hacerse cargo de un anciano ni para pagar una residencia. Si, nuestra sociedad tiene mecnismos para evitar esto, pero algo no funciona cuando cada año mueren en España 50 ancianos sólos en sus casas y en la mayoría de los casos se encuentran sus cadáveres meses después. En realidad les estamos envíando al monte Narayama. Ellos lo justifican con una leyenda, nosotros con mirar hacia otro lado.

En la película también se muestra la relativa indiferencia con que los personajes presencian la llegada del cadáver de un bebe a las orillas del río. Desde luego no como reaccionaríamos en occidente. Esto la otra cara de la misma moneda, desde el punto de vista antropológico el infanticidio se produce por medios directos (maltrato físico, muerte por inanición, ahogamiento, etc.) o por medios indirectos (abandono, negligencia, mala alimentación que deriva en enfermedades, sometimiento de la futura madre a trabajo físico en los últimas fases del embarazo. De nuevo Marvin Harris describe estas observaciones en el libro antes citado. Tremendamente triste y deplorable, el infanticidio también es una constante en muchos grupos sociales incluído el nuestro, y volvemos al punto anterior, con más incidencia en aquellos en los que el asunto cobra catagoría de supervivencia para toda la familia. Otra vez, el punto de vista etic y el emic serán opuestos para el antropólogo.

Esta película me recordó el fragmento de Anaximandro de Mileto:

“… alguna otra naturaleza ápeiron de la cual nacen todos los cielos y los mundos que hay dentro de ellos. El nacimiento a los seres existentes les viene de aquello en lo que se convierten al perecer, según la necesidad, pues se pagan mutua pena y retribución por su injusticia de acuerdo con la disposición del tiempo” (Simplicio, Física 24,17)

Las vidas se suceden cíclicamente unas a otras, dejando su espacio vital disponible para la siguiente, y así pagando por la injusticia de haber vivido a costa de que otros no vivan. Y es que los recursos terrenales son limitados y escasos, el primer mundo quema excedentes gracias a que el tercer mundo se muere de hambre, el león vive gracias a que la cebra muere; así que vivir, sea en la condiciones que sea, parece ser un lujo.

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El relativismo en la ecología

Martes 25, Septiembre 2007

Archivado en: Filosofía, Naturaleza — admin @ 6:15 am

La degradación de las especies y su hábitat sigue una progresión geométrica en los últimos años. esto está más que demostrado. Sin embargo, es cuestionable la visión catastrofista del ecologísta de los 80, donde el futuro nos depararía un mundo a lo “mad-max” o a lo “blade-runner”… El ser humano piensa por naturaleza que el universo gira a sus pies. Por eso Dios es antropomorfo y por eso pensamos que el hombre es capaz de acabar con la naturaleza. Pues quizá no…

Existen unos ecosistemas oceánicos realmente sorprendentes. Se trata de comunidades biológicas Chimenea hidrotermicaque se originan alrededor de las chimeneas hidrotermales abisales, fisuras en la corteza terrestre de las que emana agua a unos 400ºC, debido a que la alta presión de las profundidades aumenta el punto de ebullición hasta esa temperatura. El vapor de agua que brota de estas chimeneas tiene un alto contenido en azufre, hierro, zinc y otros metaloides altamente tóxicos. Estos lugares, por estar situados a más de 3000 metros de profundidad, están ausentes de cualquier energía proveniente del sol.

¿Cómo puede ser que exista siquiera una especie animal adaptada a estas condiciones? Bien, aquí viene lo sorprendente, no es una sino más de 300 que hayamos descubierto hasta la fecha, habiendo explorado probablemente un 5% de las profundidades abisales. Unas bacterias anaerobias capaces que hace quimiosíntesis a partir del azufre y otros compuestos constituyen la base de la pirámide alimentaria, transformando compuestos químicos en energía en ausencia de luz. No es difícil imaginar que una vez superado este paso otros organismos se hayan adaptado a alimentarse de ellas o a establecer simbiosis con estas bacterias. Aunque algunos organismos de estas comunidades fueran dependientes de organismos fotosintéticos, no costaría mucho imaginar una adaptación rápida a unas condiciones en ausencia de luz o de oxígeno.

Otra herramienta para ilustrar este punto, puede ser la sorpresa que se llevaron los reporteros de la BBC que veinte años después del accidente de Chernóbil, visitaron la zona para reailzar un reportaje. Cuando llegaron se encontraron con que Chernóbil, a pesar de los altos índices de radioactividad, se había convertido en un vergel, un santuario natural. Linces, lobos, búhos reales e incluso osos campan a sus anchas por la zona, sin signos de malformaciones o secuelas producidas por la radioactividad.

La naturaleza tiene una capacidad de regeneración asombrosa y ya lo ha demostrado en varias ocasiones en estos últimos 4650 millones de años. La vida en la tierra ha sufrido cambios más violentos y permanentes que lo que pueda producir el hombre, no olvidemos que si extrapolamos la vida del planeta a un dia de 24 horas, la especie humana hubiera surgido en el último segundo. La vida en la tierra es muy antígua, unos 4300 millones de años. Es decir que necesitó sólo 350 millones de años para formar vida… Pues bien, imaginemos que el hombre acaba con toda forma de vida en la tierra (por supuesto con su propia especie también…) ¡A la tierra aún le quedarían como mínimo 5000 millones de años para volver a formarla! especialmente si una bacteria anaerobia que se alimenta de CO2 y azufre con una tasa reproductiva tan alta (como la de la mayoría de las bacterias) que encontraría en la radioactividad el complemento perfecto para multiplicar sus mutaciones y conseguir en tiempo record un adaptación al medio favorable. Para ella sería mucho más fácil vivir en la tierra que actualmente…

Existen multitud de organismos extermófilos, organismos que viven en condiciones extremas. Tenemos Thermus acuaticus Brock & Freeze, 1969) que vive en los geíseres de Yellowstone Park en EEUU. Es una bacteria termófila que vive en aguas a temperaturas superiores a los 70ºC. Deinococcus radiodurans(Brooks & Murray, 1981) puede resitir una radiación superior a 15000Gy con un 37% de perdida de viabilidad. Una dosis de 10 Gy es suficiente para matar a un ser humano. En uno de los lugares donde vive esta cianobacteria, en el lago Paralana en Australia, hay unas condiciones especialmente extremas. Además de la fuerte radiación ultravioleta del sol en el desierto australiano, hay que sumar los rayos gamma que emiten las rocas ricas en uranio y el gas radón que emana del fondo, radiactivo y mortal.

También es un error pensar que somos la especie animal con más éxito evolutivo, multitud de organismos tienen más éxito que nosotros, independientemente de cómo lo midamos, desde el punto de vista de potencial reproductor, adaptación al medio o número de ejemplares. Si es cierto somos una especie fascinante, con un enorme éxito y cualidades únicas, pero paradójicamente ahora nos enfrentamos a los resultados de nuestro éxito, nocivos para nuestra propia especie. Por otra parte no hay que olvidar que los que disfrutamos de los avances tecnológicos, médicos y sociales somos una minoría, las tres cuertas partes de la humanidad vive en condiciones paupérrimas, sin acceso a comida, agua o casa.

En resumen, la única lucha que se puede permitir el hombre, el la lucha contra su propia extinción. En definitiva significa frenar los cambios que nosotros mismos estamos provocando para evitarnos graves problemas en el futuro. Quizá nos ayude pensar que no somos el centro del universo y que la naturaleza seguirá su curso cuando el hombre se haya extinguido.

No todo está perdido, ni el ser humano es todo maldad, somos capaces de las cosas más terribles pero a la vez de las cosas más bellas. Seremos capaces de utilizar nuestro intelecto, aquello que nos hace únicos en la tierra, para reparar el daño causado y vivir de una vez en paz entre nosotros y con el medio que nos rodea.


La paradoja de Protágoras

Sábado 22, Septiembre 2007

Archivado en: Cultura, Filosofía — admin @ 6:14 pm

En muchos casos, la historia no hace justicia a determinados personajes, quedando su imagen degradada para la posteridad. Este es el caso de los sofistas. El termino viene del griego sophos (sabiduría).Los sofistas fueron un grupo de filósofos que creían que no existe la verdad inmutable y que cada uno puede tener su verdad. Es decir, se basaban en el relativismo y el escepticismo. Bajo mi punto de vista tuvieron una influencia posiblemente crucial en el desarrollo del pensamiento occidental, ya que fueron los precursores del espíritu crítico sobre el que se basa la filosofía o la ciencia.

Un orador bien entrenado podría defender su posición para poco después dar un giro a su discurso y convencer a auditorio de la veracidad de la posición diametralmente opuesta. Posteriormente los nuevos sofistas enfocaron sus enseñanzas desde un punto de vista puramente práctico, enseñando en el areté, el arte de la política, utilizando técnicas oratorias persuasivas que únicamente buscaban embaucar al oponente. Por otra parte muchos de estos nuevos sofistas cobraban dinero por sus servicios, lo cual estuvo mal visto por otros filósofos. Esto contribuyó a forjar su mala fama, pero a mi entender esta fama se ha perpetuado hasta la actualidad debido que conocemos a los sofistas a través de las obras de uno de sus más firmes detractores, Platón.

Para ilustrar esto creo de utilidad esta paradoja que parece atribuda a Protágoras, uno de los representantes más importantes de los sofistas:

“Un estudiante, Euatlo, deseaba recibir clases de retórica por parte de Protágoras para llegar a ser un eficaz abogado. Sin embargo, carecía de recursos económicos para hacer frente a la minuta de su admirado maestro. Sin embargo, Protágoras que observo que se trataba de un joven inteligente, convino con él en que podría asistir a sus clases gratuitamente de momento, pero que cuando ganase su primer pleito, le pagaría todos los honorarios. Euatlo, quedó muy contento con la propuesta y la suscribió.Euatlo asistió a las lecciones de Protágoras hasta que acabó su formación, sin embargo decidió no dedicarse a la abogacía. Por esto, Euatlo no se creía obligado a pagar a Protágoras: aún no había ganado su primer juicio. Protágoras, al ver que Euatlo no pagaba, decidió reclamarle sus honorarios, pero Euatlo se negó.Protágoras amenazó con llevar a juicio a Euatlo por este motivo, y Euatlo, que había sido un excelente estudiante, utilizó las enseñanzas de Protágoras:“Si vamos a juicio, Protágoras, y yo gano, por este mandamiento judicial, no te tendré que pagar; si pierdo, dado que aún no habré ganado mi primer pleito, y esta era nuestra condición, tampoco no tendré que pagar. Así, pues, Protágoras, no te conviene ir a juicio: seguro que lo perderás.”Pero Protágoras, que por algo, había sido su maestro, argumentó:“Si vamos a juicio, Euatlo, y yo gano, por este mandamiento judicial, me habrás de pagar; si pierdo, tú habrás ganado tu primer pleito y por razón de nuestro antiguo pacto, me habrás de pagar.”La paradoja estaba servida. Al parecer el juicio se celebró y constituyó una decisión difícil para los jueces, que al final, dictaron la sentencia más justa posible:El estudiante tenía razón en que aún no tenía que pagar a Protágoras, ya que aún no había ganado su primer caso con lo cual el veredicto era claro, sin embargo, la celebración del juicio implicaba que ese mismo juicio sería su primer caso ganado, pero siempre después del veredicto. Esto obligaba al estudiante a cumplir su acuerdo con Protágoras justo después de la celebración del juicio. Por tanto el jurado decidió dar la razón a Euatlo, pero conceder a Protágoras el derecho al celebrar un segundo juicio, si el estudiante no cumplía con su obligación.”



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