Esta película, dirigida por el gran maestro Shoei Imamura (1926-2006) relata la dureza de la vida de una comunidad rural japonesa del siglo XIX (probablemente, ya que no hay demasidas referencias temporales a elementos históricos que nos permitan situar la escena). Desde mi punto de vista es una de las grandes obras del cine universal a pesar de que en numerosas críticas obtenga reseñas negativas, debido a la crudeza con que Imamura muestra el desarrollo de los acontecimientos, enfocando la narración desde un punto de vista sin concesiones al sentimentalismo, casi en tono de documental, creando una obra de enorme valor didáctico en antropología y filosofía. Sin embargo esta película no solo tiene valor en el sentido antes expuesto; desde el punto de vista del cinéfilo presenta una fotografía espectacular que crea un atmósfera bucólica y costumbrista que contrasta con el cruel desarrollo de los acontecimientos. Esta película ganó la Palma de Oro en el festival de Cannes en 1983.
El argumento gira en torno a Orín (Sumiko Sakamoto), que a sus 69 años, aún posee una salud de hierro y una fuerza de trabajo envidiable. Sin embargo, la costumbre local establece que los ancianos deberán ser llevados a la cima del monte Narayama al perder su dentadura y abandonados allí a su suerte. Esta cruel práctica es interiorizada asumida por lo ancianos y la sociedad en general, hasta tal punto que resulta un grave deshonor no cumplir con esta tradición, sometiendo al transgresor al rechazo social e incluso al ostracismo.
El geronticidio y el infanticidio es una práctica habítual en las sociedades de cazadores-recolectores o agrícolas de subsistencia. Desde el punto de vista antropológico, se trata de un mecanismo de regulación de la población antes condiciones adversas o economías de subsitencia, en sociedades donde los recursos son muy limitados o cuya disponibilidad está expuesta a fluctuaciones más o menos bruscas. Generalmente las explicaciones emic y etic para este tipo de procesos suelen ser casi opuestas. Así, por ejemplo, desde la perspectiva emic, en la balada del Narayama, la aceptación de esta ley por parte de la sociedad y de la propia afectada, Orín, permite que esta dolorosa y cruel regulación se lleve a cabo sin conflictos. La sociedad rodea al hecho de un ambiente de leyenda y religiosidad, introduciendo al Dios de la montaña como receptor de las almas de los ancianos y promete un conjunto de prevendas relacionadas con el bienestar y el honor eterno. Como dice Marvin Harris en su Introducción a la Antropología General. Alianza editorial, 1981 (Muy recomendable): La perspectiva emic ofrece una visión del mundo que los participantes aceptan como real, significativa o apropiada. Desde el punto de vista etic el antropólogo intenta descubrir teorías científicas que expliquen este comportamiento.
Desde el punto de vista etic, en una economía de subsistencia como la que describe la película, esta leyenda del Narayama tiene como objeto reducir la población, purgar aquellos indivíduos que ya no son aptos para el trabajo y que suponen un consumo de recursos vitales para la supervivencia del resto del grupo familiar. Nótese que el elemento a tener en cuenta para que un anciano emprenda su camino al Narayama es la pérdida de sus dientes, punto a partir del cual un anciano necesitará alimentarse de alimentos triturados y por tanto, no solo no será apto para el trabajo, sino que además supondrá una carga extra de trabajo al resto de la familia. Este punto es expuesto de una manera brutal en la película, cuando Orin, rompe sus dientes contra una piedra con el afán de acelerar el proceso, ya que su hijo Tatshuei (Ken Ogata), se revela contra la tradición. Ella ve como los recursos familiares se tornan escasos al incorporase al nucleo familiar la esposa de Tatshuei y desea fervientemente desaparecer para que su lugar sea ocupado por un futuro hijo de la pareja. Parece ser que la actriz que encarga a Orin, Sumiko Sakamoto, en su afan por dotar del máximo realismo a su trabajo, rompió en verdad sus dientes contra la piedra, admirable la profesionalidad y compromiso de la actriz nipona (aunque la acción resulte bastante incomprensible para muchos).
Es importante dejar a un lado nuestro etnocentrismo cultural a la hora de valorar la película. Imamura relata una historia sin demasiadas concesiones al sentimentalismo, expone un conjunto de mecanismos antropológicos que tienen lugar el multitud de sociedades humanas, incluída la nuestra. Imamura no tiene la culpa de esto, sólo es el mensajero.
A veces tendemos a calificar estas acciones de prehistóricas o atrasadas, cuando entramos a juzgarlas desde un punto de vista moral que creemos por encima de todo lo demás y que es fácil mantener desde aquí, nadando en la abundancia de recursos. Sin embargo en ocasiones no nos damos cuenta en que nuestra sociedad provoca los mismos efectos, no de manera generalizada, ya que la riqueza de nuestras sociedades nos permite ser más “civilizados” y tener cosas como seguridad social, pensiones, etc., sin embargo en microeconomías locales, familiares, culturales o étnicas esta situación se produce de manera indirecta. Si analizamos las causas y situaciones familiares de cada uno de ellos nos encontraremos con escenas similares a las de la película, con familias con pocos recursos, viviendo en condiciones paupérrimas y con situaciones en las que los dos miembros de la famila tienen que trabajar para alimentar a varios hijos y donde no hay sitio para hacerse cargo de un anciano ni para pagar una residencia. Si, nuestra sociedad tiene mecnismos para evitar esto, pero algo no funciona cuando cada año mueren en España 50 ancianos sólos en sus casas y en la mayoría de los casos se encuentran sus cadáveres meses después. En realidad les estamos envíando al monte Narayama. Ellos lo justifican con una leyenda, nosotros con mirar hacia otro lado.
En la película también se muestra la relativa indiferencia con que los personajes presencian la llegada del cadáver de un bebe a las orillas del río. Desde luego no como reaccionaríamos en occidente. Esto la otra cara de la misma moneda, desde el punto de vista antropológico el infanticidio se produce por medios directos (maltrato físico, muerte por inanición, ahogamiento, etc.) o por medios indirectos (abandono, negligencia, mala alimentación que deriva en enfermedades, sometimiento de la futura madre a trabajo físico en los últimas fases del embarazo. De nuevo Marvin Harris describe estas observaciones en el libro antes citado. Tremendamente triste y deplorable, el infanticidio también es una constante en muchos grupos sociales incluído el nuestro, y volvemos al punto anterior, con más incidencia en aquellos en los que el asunto cobra catagoría de supervivencia para toda la familia. Otra vez, el punto de vista etic y el emic serán opuestos para el antropólogo.
Esta película me recordó el fragmento de Anaximandro de Mileto:
“… alguna otra naturaleza ápeiron de la cual nacen todos los cielos y los mundos que hay dentro de ellos. El nacimiento a los seres existentes les viene de aquello en lo que se convierten al perecer, según la necesidad, pues se pagan mutua pena y retribución por su injusticia de acuerdo con la disposición del tiempo” (Simplicio, Física 24,17)
Las vidas se suceden cíclicamente unas a otras, dejando su espacio vital disponible para la siguiente, y así pagando por la injusticia de haber vivido a costa de que otros no vivan. Y es que los recursos terrenales son limitados y escasos, el primer mundo quema excedentes gracias a que el tercer mundo se muere de hambre, el león vive gracias a que la cebra muere; así que vivir, sea en la condiciones que sea, parece ser un lujo.


